La personalidad de un discurso
LEONEL FERNÁNDEZ POSEE UN DISCURSO MÁS DIDÁCTICO Y ESTÉTICO
Desde una perspectiva muy independiente me animo a escribir sobre la personalidad y efectos de los diferentes estilos de discursos presidenciales dominicanos. Me motivo a hablar en esta columna de este tema por la recién pasada intervención de nuestro presidente en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en La Habana, Cuba. Como diríamos en el buen vocabulario dominicano: sin desperdicio.
Tal como los abogados hablamos por instancias, los jueces por sentencia, los presidentes hablan por discursos.
A través de la historia los grandes discursos presidenciales dejan sus destellos de permanencia.
En nuestro país nuestros pasados presidentes en momentos de necesidad y obligación de una forma u otra, cerca de dejar por entendido el planteamiento de lo que quieren decir, inyectan su personalidad en el mismo.
El Dr. Joaquín Balaguer a lo largo de sus períodos presidenciales discursó más que ningún presidente en lo que va de la historia dominicana, sus discursos visionarios, de carácter imperativo, mandatario, en todos dejaba claro que él era el Presidente y así eran las cosas porque él las decía y punto.
El profesor Juan Bosch, de igual manera, aunque no tanto en su corto período presidencial en intervenciones de campaña dejaba plasmados sus ideales con desdén, los cuales a lo largo del tiempo se han convertido en reglas, y si bien se puede decir casi en profecías políticas.
Don Antonio Guzmán, de estilo reservado, noble siempre con discursos esperanzadores y revolucionarios, aunque dominaba la actualidad del momento, no lograba del todo dejar en sus discursos acciones convincentes quizás por su misma personalidad si se podría decir insegura.
El Dr. Salvador Jorge Blanco solía dar discursos bien orquestados, de índole oratorio, dejaba entender que manejaba la investigación de los hechos, como todo un buen abogado defendía bien sus posiciones.
El Dr. Leonel Fernández, con un estilo muy didáctico, con excelente pronunciación y una perfecta estética oratoria que deja a entender que conoce del tema con palabras finas refraneadas siempre evidencia claramente su capacidad de manejo estadístico con un romántico soñador desdejo de que siempre lo que quiere decir estaba pasando. En sus tantas intervenciones la forma siempre ha sido la misma, sus discursos son recordados por su invariable postura y estilo ante ellos.
El Ing. Hipólito Mejía su personalidad popular lo traiciona al discursear pero en los mismos puntualiza, demuestra entendimiento y conocimiento casi siempre en los temas de su interés que en el momento suceden. Muchas veces deja claro que no siempre domina algunos temas porque se le nota corrigiendo, preguntando o confirmando los mismos en el acto.
El Dr. José Francisco Peña Gómez, si bien no llegó a ser Presidente, dejó grandes aportes que recordar. Tenía un estilo enérgico y en muchos casos convincente, dejando igualmente en sus discursos arraigo en sus creencias, impregnaba un apasionado interés en lo que quería siempre expresar.
El presidente Danilo Medina, ¡tiene un estilo único!, aunque de personalidad introvertida, y tímida, se presenta con un lenguaje claro, directo y humano. Cuando se expresa se puede apostar a que sabe lo que está diciendo porque lo conoce al dedillo, la gente entiende cuando él habla porque tiene el don de tranquilizar a sus audiciones; explica de una forma fácil, sincera, llana y entendible, porque no esconde nada ni gana optando por posturas de complacencias. Conoce los temas nacionales e internacionales, si se puede decir controla y domina la administración pública. Eso lo fortalece dándole ventaja ante los demás presidentes al discursear, ya que según se aprecia no lee ni habla de lo que no está en su conocimiento, entendimiento y mejor aún, su convicción.
El estilo de él no es hablar muchas veces ni mucho… es claro, preciso, en tiempo real y con planes a accionar.
Los pasados estragos de las reacciones de la sentencia dieron innumerables motivos para recibir a nuestro entender explicaciones jerárquicas de su nivel. Sin embargo, lo que se pudo entender como explicación, como dice un refrán, es que los trapos sucios se lavan en la casa y para este presidente su casa es su nación, la cual se llevó en su corazón y mente cuando en ese escenario defendió los puntos inexplicables por los demás y más allá criticados por los que no tienen injerencia en nuestro país. Ahí es donde más necesitábamos una respuesta.Que no sea de entera satisfacción para algunos y aún así tenga sus bemoles… bueno podría ser pero, el problema si se quiere llamar así es de nosotros y nos incumbe a nosotros.
Con una forma muy llana, de una manera entendible explicó nuestra realidad, responsabilidad y compromiso con el vecino Haití, que por años nos ha tocado ayudar.
Con un lenguaje sensible, respetuoso, con tipificaciones de estadista y con altura, dejó plantada su posición como representante máximo del país, dio clases de soberanía haciendo entender que quienes mandamos aquí.. somos los dominicanos.
De sus últimas y valientes palabras al escucharlo en ese discurso no creo haya un dominicano que no sintiera erizada la pielÖ al escucharlo. Cito: “El día que yo tenga que declinar como Presidente de la República la situación de soberanía, entonces no merezco ser el presidente de mi país.”
Su forma de discursear en ese escenario logró impregnar ejemplo para todos, elogiado y comentado positivamente por presidentes, políticos, profesionales, gente común, personalidades de renombre y respeto nacional e internacionalmente.
Pudieran existir muchas estrofas de discursos de presidentes dominicanos que recordarÖ, pero siendo este presidente un hombre con una personalidad que muchas veces se cuestionó si tendría el carácter o carisma para gobernar, que tuvo que pasar por tanto para convencernos de que él tenía una idea de nación, como así también un plan para los dominicanos, de que gobernaría como una orquesta pero con partitura, un presidente que tuvo que sobrepasar todos los obstáculos para llegar a ser presidente llevando en su haber desvelos, tristezas, traiciones y desdenes, este presidente nos convence orgullosamente y cada día de que ha sido por años la mejor opción que hemos tomado en las urnas.
En ese discurso su patriotismo nos identificó a todos sellándonos el pensamiento político que lo viene caracterizando. En el ánimo de su discurso en el fondo de todas sus palabras me vino a la mente una de las tantas frases de nuestro prócer Juan Pablo Duarte. Cito:
“Dios ha de concederme bastante fortaleza para no descender a la tumba sin dejar a mi Patria libre, independiente y triunfante.”